Ya está aquí San Valentín, un momento del año que algunos disfrutan y otros temen. Conforme se va acercando la fecha vemos en consulta cómo se van activando creencias dolorosas sobre qué significa el amor y la pareja para nuestras pacientes.
Por eso, queremos aprovechar para compartir contigo algunas de las creencias más habituales que trabajamos en terapia. De forma que, si te sientes identificada con alguna, puedas ver cómo lo abordamos en consulta. Ojalá algo de lo que leas te ayude a mirarte con un poco más de cariño.
Creencias de un San Valentín anticuado: “Si no te quieres a ti, nadie te va a querer”
Una creencia muy extendida y muy dañina porque no es del todo cierta. De hecho genera mucha culpa porque parece que “hasta que yo no esté al 100%” no merezco amor. Y eso no es así.
Como psicólogos especialistas en trauma acompañamos a muchas personas que llegan sintiendo que, además de todo lo que han vivido, ahora también tienen que quererse bien, estar fuertes o tenerlo todo resuelto para merecer una relación. Como si el amor fuera algo que se gana cuando ya no molestas, no necesitas o no te duele nada.
Cuando has tenido que adaptarte mucho a los demás, cuidar, sostener o sobrevivir…esta creencia pesa todavía más. Porque refuerza algo que ya has vivido: la sensación de que el amor hay que ganárselo.
En terapia solemos ver algo muy distinto: estas personas sí saben querer, y muchas veces lo hacen con una intensidad y una entrega enormes. El problema no es la falta de amor, sino el precio que pagan por él.
Por eso el trabajo no suele ir de “quererte más”, sino de poder aprender a vincularte sin desaparecer, de notar cuándo te estás dejando para el final, de poder tenerte en cuenta sin sentir que eso pone en peligro la relación.
Si San Valentín existiera en el siglo XXI, sin duda, sería psicólogo y esto es lo que te diría
Si sientes que esto te ocurre a ti. Si tú también crees que “el amor hay que ganárselo” haciendo cosas por el otro, “sacrificándote” por el otro, nuestra recomendación va en la línea de poder aprender a separar el yo del tú del nosotros.
Como ves en la imagen de abajo para tener una relación sana y equilibrada es importante tener tu propio espacio también. Si tuvieras que dibujar tú estos 2 círculos para representar tu relación actual o la última que has tenido…¿Cuánto espacio ocuparía el ”nosotros”? ¿Y el “tú”?
Es probable que el área del círculo rosa que representa esas áreas de tu vida que haces por ti y para ti (tu espacio propio) sea bastante pequeño. Si es así, nuestra propuesta en terapia sería aprender a priorizar esas cosas que te gustan y te apetecen a TI.
También nos detendríamos a observar cuando das más de la cuenta y cómo siente eso en tu cuerpo. Para que puedas ver qué señales te avisan de que te estás desgastando y poder poner límites necesarios para poder cuidarte y no olvidarte de ti.
Poner límites puede ser todo un desafío. Lo sabemos. Pero es importante recordar que el hecho de que digamos que no o negociemos algo para que se tengan en cuenta nuestras necesidades no significa que el otro nos vaya a dejar de querer o a abandonar.
Y si esa persona se enfadara o se fuera cuando ponemos ese límite, no habla de que “lo hayamos hecho mal” por ponerlo, sino de lo que el otro quizá saca de beneficio cuando no los ponemos.
Al tener claros tus límites y poder comunicar tus necesidades estamos creando más seguridad en ese vínculo y fortalecemos nuestra relación de pareja.
Creencias de un San Valentín anticuado: “El amor cuando es saludable no duele”
Aquí tenemos otro mito que está muy, muy extendido. Esa creencia de que una relación sana no debe “doler”. Esto tampoco es del todo cierto.
A ver, obviamente, si estamos hablando de relaciones en las que:
- Hay malos tratos
- Hay situaciones de abuso
- Es una relación con desigualdad de poder
Ahí, efectivamente, debemos intervenir pues no es aceptable ni sano. Aquí es imprescindible el cambio y protegernos del dolor.
Pero si tomamos como referencia una relación como la que mencionamos arriba en la que mi pareja tiene espacio para él, yo tengo espacio para mí y hay una construcción del nosotros…Eso ya es una relación más equilibrada en sí misma.
Pero que sea equilibrada no significa que vayamos a estar “siempre bien y felices”. Es normal sentir, a veces, que algo no nos encaja o que hayan discusiones…
Pues, al fin y al cabo las relaciones de pareja pueden activar nuestras heridas antiguas sin que sea necesariamente una relación dañina. Y duele porque mi pareja no sabe dónde está tocando.
Entonces ahí viene el meollo de la cuestión. Podemos reaccionar ante algo que ha hecho o dicho nuestra pareja y es de lo más normal. Ahora bien, lo interesante es que (por el bien de la relación y de cada uno de nosotros) podamos cada uno comunicar qué está doliendo y buscar un punto de encuentro.
Así que. Sí. A veces el amor puede doler porque nos sirve en cierto modo como plataforma para ver cosas pendientes de nosotros. Y también porque a veces, simplemente, hay conflicto entre nuestras necesidades y las de nuestra pareja. La diferencia está en cómo abordamos estos conflictos. Si podemos hablar de ello y se busca una solución, nuestra relación se sentirá sólida y segura.
Creencias de un San Valentín anticuado: “Estar sin pareja es un fracaso”
Esta creencia la vemos más en mujeres en consulta. Quizás por lo que se nos ha inculcado a nivel sociocultural. Parece que por tener pareja valemos más o somos más “aptas” de cara a la sociedad.
Como si una mujer que no tiene pareja tuviera algo “malo” cuando realmente no es así. Lo realmente dañino es ir enlazando relaciones para no sentirnos solas, sin habernos parado a pensar si esa persona que hemos elegido como nuestra pareja es un lugar seguro para nosotras. O si, realmente, necesitamos otra cosa.
Lo realmente interesante sería poder observar desde dónde nos vinculamos con el otro. Es decir desde donde elegimos iniciar una relación o mantenerla aún cuando realmente sé que esa persona no es compatible con lo que necesitamos.
A veces ni nos planteamos que el otro no sea “el idóneo” porque desde el miedo a la soledad lo idealizamos y magnificamos sus buenas cualidades y hacemos oídos sordos a lo que no nos gusta.
Esto es lo que te diría “El San Valentín del siglo XXI”
Si este es tu caso, lo que revisaríamos juntas en terapia sería qué experiencias en tu vida te han llevado a sentir esa necesidad de tener pareja a toda costa. O ese miedo a la soledad. Seguramente hayas vivido momentos en tu infancia o en tu vida adulta que hayan hecho que generes esa creencia de “por mí sola no soy suficiente”.
También revisaríamos juntas en qué momento estar sola puede convertirse en una fuente de bienestar. Por ejemplo. estar con amigos y/o familia y sentir el apoyo, amor, seguridad y diversión que te aportan. Una sensación de satisfacción y realización en tu trabajo o un hobbie. El reconocimiento hacia tu valor y todas tus cualidades… De esta forma resignificamos la creencia de no valer y generamos con estas nuevas experiencias una nueva. Quizá la de «poder estar sola y sentirme valiosa/satisfecha conmigo»
Y desde ahí podrás decidir si quieres tener una relación y de qué tipo. Y lo elegirás porque realmente te apetece, Porque quieres construir un vínculo de pareja desde el deseo y no desde el miedo a estar sola.
Creencias de un San Valentín anticuado: “Si me quiere tiene que saber lo que necesito sin yo pedírselo. Si lo pido, ya no tiene valor”
Esta creencia es de las más habituales en consulta y genera muchísimo resentimiento. Lo vemos sobre todo en personas que les cuesta pedir.
Si en vez de pedir lo que necesitamos o deseamos, estamos a la espera de que el otro lo adivine, es muy probable que suframos. Por suerte o por desgracia, nadie nació con ese poder.
Por supuesto, entendemos lo importante que es para todas que nuestra pareja muestre iniciativa. Sin embargo, si decidimos expresar lo que queremos o necesitamos y nuestra pareja nos escucha y de hecho complace nuestra petición…El hecho de que “no haya salido de él/ella” no le quita todo el valor a ese acto de amor.
Sigue siendo amor cuando nuestra pareja nos escucha y tiene en cuenta lo que nos gusta, lo que pedimos, lo que es importante para nosotras.
Así que dejemos de pensar que “querer significa adivinar nuestras necesidades” porque eso tan sólo hace generar resentimiento y conflicto aún cuando la persona las satisface.
Por ejemplo, si te sientes mal y le pides un abrazo a tu pareja, o le pides que te diga que te quiere…Eso no significa que les estés “forzando” a hacerlo. Simplemente le estás comunicando lo que tú estás necesitando en ese momento. Pues son tus necesidades. La otra persona no está en tu cuerpo ni en tu mente, y no puede saber lo que necesitas con exactitud en cada momento.
En este caso, el trabajo en terapia nos permitiría revisar dónde se generó esa creencia y revisar tu historia. A la vez que pondríamos el foco en identificar y expresar tus necesidades sin quedarnos enganchadas en que si lo pedimos, entonces ya pierde el valor.
Iríamos poco a poco invitándote a probar cómo sería pedir algo y ver cómo te sientes después de hacerlo.
Creencias de un San Valentín anticuado: “Te quiero pero no te necesito»
Esta creencia tiene que ver con esa sensación de estar en pareja y sentirse a gusto pero…Cuando empezamos a notar que “dependemos” de alguna forma de nuestra pareja, nos alejamos, No nos permitimos “necesitar” al otro. Como si pedir o dejarse sostener por el otro fuera una señal de debilidad.
Esto puede ocurrir en personas que de pequeñas sus padres no les permitieron sentirse autónomos, tener autonomía. Familias controladoras, exigentes o sobreprotectoras en la que no había derecho de decidir sobre uno mismo. Entonces de adulto pueden ser muy protectoras de su libertad, de su espacio propio.
O al contrario, personas que aprendieron que no podían depender de sus padres para que los cuidaran, que siempre han tenido que “poder con todo solas” y, por tanto, les cuesta pedir y dejarse sostener.
Cuando has tenido una infancia así es probable que de adulto te vincules en pareja con unos niveles de independencia desproporcionada. Ahí el espacio del “yo” en la imagen de arriba sería el más grande. Y la parte del “nosotros” sería muy pequeña.
El problema aquí viene cuando confundimos la autonomía con desvincularnos, con desconectarnos. Cuando me alejo del otro porque se activan esas heridas de infancia.
Lo que San Valentín te diría, si fuera psicólogo y viviera en la actualidad sería que “La autonomía no es NO necesitar. Es poder necesitar sin perdernos en esa relación.”
Es decir, poder pedirle algo a nuestra pareja o poder mostrarnos vulnerables sin necesidad de que eso signifique que somos débiles o dependientes. Porque todos necesitamos al otro. Todos necesitamos apoyo en ciertos momentos. Y eso no dice nada malo de nosotros.
Entonces en terapia aprenderíamos a detectar en qué momentos podemos pedir apoyo y también a observar qué surge cuando lo hacemos. Y también a ver cómo me siento después de que esa persona que yo quiero haya hecho eso que yo necesito. Creando, así, esas experiencias seguras para poder calmar al sistema nervioso y resignificar esa creencia.
Esperamos que este artículo especial de San Valentín te haya resultado útil. Y si algo te ha resonado y te apetece empezar tu proceso con nosotras, puedes leer sobre nuestro servicio de terapia online aquí.