Sesión de valoración gratuita
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K llegó a consulta con una frase muy clara: “Si esto no funciona, no quiero seguir intentándolo.”
Vivía con pensamientos suicidas casi a diario y una sensación de vacío profundo. Había pasado por varias terapias que, en lugar de ayudar a que pudiera ir gestionando sus heridas emocionales, le hicieron sentir que su historia era muy difícil de trabajar o que no lo estaba haciendo bien. Se sentía desregulada casi todo el tiempo y no confiaba en que nadie pudiera acompañarla sin juzgarla o sin querer “arreglarla”.
Estas eran algunas de las cosas que decía:
“Ya he probado muchas terapias y no siento que me hayan ayudado…Más bien al contrario. Al hablar de mis heridas emocionales y salir de consulta siempre sentía que mi caso era “demasiado” y que si no mejoraba era porque algo no estaba haciendo bien.
Siento mucho dolor…La angustia es tan grande que he perdido la esperanza en mejorar. No sé si merece la pena seguir viviendo así. Esta es la última oportunidad que le doy a la terapia…”
El primer paso fue construir una relación en la que no tuviera que justificarse ni protegerse. Durante semanas simplemente sostuvimos juntas el estar sin hablar de sus heridas emocionales.
Ella pudo permanecer en silencio todo el tiempo que necesitaba. Sin prisas. Sin exigencias. Poco a poco su sistema empezó a relajarse y sólo cuando ella estuvo lista comenzó a hablar de su dolor
Exploramos las heridas emocionales de K. a lo largo de su historia y pudo entender cómo se relacionaban con sus síntomas y qué función tenían.
Al entender que su ansiedad, su retraimiento o incluso sus ganas de desaparecer eran formas de intentar protegerse dejó de pelearse consigo misma y empezó a mirarse con algo más de compasión.
Utilizamos herramientas sencillas y adaptadas a ella para que pudiera volver al presente cuando se sentía desbordada por sus heridas emocionales. No tanto desde la técnica, sino desde el cuerpo y la experiencia directa
Estas sencillas formas de anclarse al presente ayudaron a que las emociones intensas no se sintieran como una amenaza constante.
A medida que fue sintiéndose más conectada consigo misma, empezamos a trabajar límites: qué partes de ella hablaban en ciertos momentos, cómo podía escuchar sin dejarse arrastrar y qué necesitaba cada parte para sentirse más segura.
Los pensamientos suicidas de K. ya no son una presencia diaria. Sigue apareciendo una voz de desesperanza a veces, pero ahora sabe qué la activa y qué puede hacer para acompañarse cuando ocurre. Ahora le resulta más fácil sentir esos momentos de calma que aparecen de forma natural cuando su sistema se siente a salvo. Se describe como “reconciliada” con su historia y sus heridas emocionales: ya no intenta borrar el pasado. Además ha iniciado proyectos y relaciones personales desde la confianza y la calma…Algo que antes le parecía inalcanzable.
Si te sientes identificad@ con esta historia y también te gustaría trabajar tus heridas emocionales, descubre cómo hacer terapia con nosotr@s.
Si este caso te ha interesado puedes conocernos un poco más aquí.
Hola, somos Alexandra y Alejandro, creadores de Psicoterapia con A.
Acompañamos a pacientes y a psicólogas para que puedan sentirse seguras, entenderse y contar con recursos que les permitan cuidarse, decidir con más claridad y sostener lo que la vida, o la profesión, les ponga delante.
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