Sesión de valoración gratuita
Sesión de valoración gratuita
A. llegó a terapia con un nivel de autoexigencia muy alto y una forma muy dura de hablarse a sí misma. Tenía pensamientos intrusivos que le generaban mucha culpa y ansiedad, sobre todo relacionados con la maternidad y el peligro (obsesiones relacionadas con contaminación y necesidad de limpieza, así como de peligro y necesidad de control constante).
Decía que se sentía “secuestrada por su cabeza”, que no podía confiar en sus propias decisiones y que, aunque hacía todo lo posible por hacerlo bien, siempre sentía que fallaba.
Había aprendido a funcionar a pesar del malestar, pero vivía en un estado constante de hipervigilancia emocional. Le costaba disfrutar, descansar, pedir ayuda o simplemente parar.
Tenía miedo de ser una mala madre, de que algo en ella no estuviera bien, de hacer daño a su peque. Y al mismo tiempo, un deseo profundo de poder vivir con más calma.
Estas eran algunas de las cosas que decía:
“Mi cabeza va siempre a mil pensando en 1001 formas en las que mi bebé puede hacerse daño. Así que me paso el día limpiando, recogiendo y asegurándome de que no hay peligros cerca de él».
«Yo intento quedarme quieta y disfrutar del momento con mi hijo pero mi autoexigencia es superior a mí. A la que me siento se me ocurren tantas cosas que debería estar atendiendo que me vuelvo a poner alerta y en marcha».
«Estoy tremendamente agotada. Y siento que haga lo que haga nunca es suficiente. Nunca voy a sentir que mi hijo está a salvo. Necesito salir de esta trampa mental».
Trabajamos en no interpretar su autoexigencia como algo a corregir sino en observar qué función tenían esos pensamientos.
Dejó de sentirse “defectuosa” y empezó a diferenciar entre lo que sentía, lo que pensaba y lo que realmente pasaba.
También aprendió a identificar cuando estaba reaccionando desde la autoexigencia o una parte herida o temerosa y cuando podía intervenir su parte adulta para sostener sin negar lo que le pasaba.
La forma en la que se relacionaba con su hijo, consigo misma y con los demás cambió. Empezó a responder en lugar de reaccionar.
A. se sentía atrapada en el rol de cuidar, algo que conocía bien desde antes de ser madre. Encontró la forma de darse permiso y regular su autoexigencia para tener espacios propios sin necesidad de que todo estuviera “bajo control”.
Volvió a hacer cosas que le gustaban, a reconocer cuándo necesitaba ayuda y a poner límites sin sentir que estaba abandonando a nadie.
Poco a poco fue pudiendo mirar su historia y cómo se relacionaba con su autoexigencia sin justificarla ni minimizarla. Empezó a entender cómo ciertas dinámicas se repetían y que ahora podía hacerlo diferente sin sentir que iba a perder a sus vínculos y sin exigirse ser otra persona.
A. sigue teniendo pensamientos intrusivos en algunos momentos, pero su autoexigencia ya no la define ni le marca el día. Ha aprendido a salir de la espiral del miedo y de la culpa y disfruta de su maternidad desde un lugar más libre. Se escucha más, se exige menos y se habla de una forma que antes habría sido impensable. Sigue en proceso, pero puede decir, con seguridad, que ya no vive atrapada en su cabeza.
Si te sientes identificad@ con esta historia y también te gustaría mejorar tu autoexigencia, descubre cómo hacer terapia con nosotr@s.
Si este caso te ha interesado puedes conocernos un poco más aquí.
Hola, somos Alexandra y Alejandro, creadores de Psicoterapia con A.
Acompañamos a pacientes y a psicólogas para que puedan sentirse seguras, entenderse y contar con recursos que les permitan cuidarse, decidir con más claridad y sostener lo que la vida, o la profesión, les ponga delante.
Un espacio creado por psicólogas para psicólogas, donde te acompañamos a encontrar claridad en tus casos con herramientas prácticas, validar tu forma única de trabajar y recuperar la confianza en ti misma.
Un espacio seguro donde podrás entender lo que te pasa, ponerle palabras y encontrar formas de sentirte mejor en tu día a día.