La terapia IFS o “Internal Family Systems” es un modelo terapéutico innovador que está ganando relevancia en psicología y que nosotros utilizamos en consulta para abordar traumas simples y complejos.
La base de la terapia IFS es entender que dentro de cada persona conviven diferentes “partes” con emociones, creencias y funciones propias. Aprender a reconocerlas y a relacionarnos con ellas desde un lugar de calma y compasión puede transformar nuestra forma de vivir.
Tres tipos de partes en la Terapia IFS
En la terapia IFS, se suelen distinguir tres tipos de partes:
- Las Exiliadas: cargan con heridas emocionales no resueltas (trauma, vergüenza, miedo). Son esos momentos que la persona vivió con mucha angustia y que se han quedado atrapados dentro, como congelados en el tiempo.
- Los Protectores: buscan evitar que esas heridas salgan a la superficie. Por ejemplo “tu parte controlara”, “tu parte crítica”, “tu parte ansiosa que anticipa problemas”, “tu parte adicta”, “tu parte perfeccionista”…
- El Self (o Yo esencial): es el núcleo sano, caracterizado por calma, claridad, compasión y confianza. El objetivo de la terapia es que el Self lidere el sistema interno.
Imagínate que vamos a trabajar la terapia IFS en consulta
Paso 1: Explicamos lo que vamos a hacer, la teoría y el para qué
A partir de ahí empezamos a identificar las distintas partes con la que vamos a trabajar. En este caso vamos a trabajar con el perfeccionismo del paciente, que es uno de los “Protectores”.
Paso 2: Le damos una forma tangible y representativa a esa parte
Utilizando preguntas como:
- ¿Cómo se siente la exigencia en tu cuerpo?
- ¿Qué edad dirías que tiene?
- ¿Qué nombre le pondrías?
La idea es que el paciente pueda visualizar esta parte para que sea más fácil identificarlas y volver a ellas cuando sea necesario.
Paso 3: Buscamos conocer la historia de esa parte y ganarnos su confianza
Una vez que el paciente haya identificado su perfeccionismo como algo tangible le damos voz.
Imagínate que la paciente decide llamar a su perfeccionismo “Srta. Rottenmeier” (por los dibujitos de Heidi). Pues ahora que la tenemos delante queremos saber todo sobre la Srta. Rottenemeir. Cuál es su historia.
En el caso del perfeccionismo, por ejemplo, es posible que la Srta. Rottenmeier te diga que nunca le han hecho esa pregunta. Nunca se ha parado a pensar “¿Cómo estoy?” Seguramente te diga que está acostumbrada a “tirar adelante” sin más. Sin darle importancia a lo que siente o necesita. Seguramente de diga que está muyyyy cansada.
Al conversar con esa parte y escuchar su historia puedes seguir haciéndole preguntas como:
¿Qué pasaría si dejaras de esforzarte porque estuviera todo perfecto?
Así aprenderíamos cuál es la función que está cumpliendo esa parte y, a su debido tiempo, descubriríamos a la parte Exiliada que está intentando proteger.
Paso 4: Pedimos permiso para acceder a la parte exiliada
Cuando nos hemos ganado la confianza de los protectores pedimos permiso para poder acceder a esa versión de la persona que se quedó atrapada en una edad en concreto, en un episodio en concreto (ej. La “Paciente de 4 años a quien le pasó algo horrible”).
Ahora queremos, una vez más, ganarnos su confianza, conocer su historia y reparar lo que pasó en ese momento. La intención es darle de alguna forma a esa parte lo que hubiera necesitado en ese momento y que no recibió (ej. voz, apoyo, compasión, protección, validación…).
Paso 5: Se reconfigura el sistema
Cuando todo esto se ha trabajado…Se reconfigura el sistema. La partes emocionales (las Exiliadas) pueden por fin descargarse al darles voz, reparar el daño y llevarlas al presente.
Y se acuerda con los protectores cuál será su nuevo rol con preguntas como: ¿Qué haría si no fuera necesario controlarlo todo?.
El objetivo no es eliminar a ninguna parte sino escucharlas, comprender su función y reintegrarlas en nuestro interior de forma más armoniosa. Por ejemplo, está bien que a veces la “Srta Rottenmeier” tome las riendas. Por ejemplo, podría emplear sus dotes perfeccionistas en el ámbito laboral. Siempre y cuando el paciente pueda volver a la energía del self. En este caso, por ejemplo, poniendo especial atención a la autocompasión.
Todo esto se hace con un entorno seguro, el entorno terapéutico. Siempre respetando los ritmos del paciente. Para ello observamos sus reacciones corporales y nos adaptamos a lo que el paciente vaya marcando. Para que en ningún momento se sienta forzado sino, acompañado y seguro.
A los pacientes les suele gustar trabajar con terapia ifs porque es una forma segura de entrar en contacto con sus emociones y con el dolor. Es una experiencia muy reparadora que les permite verse y hablarse de una forma diferente, más empática y compasiva.
¿Has probado alguna vez esta técnica psicológica? Te leemos en comentarios.
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