Se acerca la Navidad y en cada sesión de psicoterapia nos encontramos con frases o situaciones que se repiten año tras año en estas fechas y nos recuerdan lo difícil que puede llegar a ser para algunas de nosotras.
Por eso hemos querido recoger algunos de los casos más habituales de las sesiones de psicoterapia que hemos tenido estas últimas semanas para que, si te reconoces en estas situaciones o si acompañas a pacientes que viven algo parecido, puedas tener algunas ideas. ¡Esperamos que te sirva!
¡Aquí van los 5 casos más habituales en nuestras consultas durante la Navidad!
Presión por llegar a todo y culpa por no poder (o no querer)
Puede que te pase como al protagonista de esta frase, que una parte de ti no tenga ninguna gana de ir a los eventos navideños pero otra parte te impulse a ir. Si finalmente decides ir a alguna de las quedadas navideñas “protocolarias”, te proponemos algunas formas de cuidarte mientras estás ahí.
Esto es lo que le propusimos
Este paciente pudo evaluar a qué situaciones realmente le apetecía ir y a cuáles no. Así que el trabajo en consulta fue por ahí. Por un lado, aprendiendo y practicando a poner límites con aquellos planes que no le apetecían y planteando estrategias de autocuidado para que se sintiera lo mejor posible en aquellas reuniones familiares a las que sí había decidido ir. De esta forma, podía encontrar cierto equilibrio entre lo social y lo personal y tener algo de tiempo para sí mismo.
Para poder llegar a descartar ciertos planes trabajamos en esta sesión de psicoterapia su exigencia y su sensación de culpa. Bueno, en esta sesión y en algunas posteriores, pues el tema de la culpa es un temón (en Navidad y siempre) que a veces requiere de un trabajo continuado. De hecho, amenazamos con publicar próximamente un artículo sobre cómo gestionar la culpa. ¿Te gustaría? Escribe en comentarios si te apetecería aprender a manejar mejor esta sensación.
Primero, planteamos la posibilidad de poner límites con algunos planes. El paciente decidió saltarse algunos para priorizarse. Aunque eso le genera culpa. De hecho, a eso dedicamos gran parte de esta sesión de psicoterapia, a aprender a gestionar la culpa.
¡Por cierto! Para aquellos planes navideños a los que sí había decidido asistir, la propuesta era poner mucho foco en el autocuidado antes y después del encuentro con los demás. Tener tiempo de descanso e identificar “qué necesito yo” en cada momento. Es decir estar atenta a una misma, a tus emociones, a tus sensaciones corporales para darte cuenta de cuándo te estás desregulando y poder volver a ti.
Intolerancia por bandera…
Lo que más trabajamos en sesión con esta paciente fue el proceso de poner límites. ¿Cómo es para ella poner límites? ¿Cuándo lo hace y cuándo no? ¿Qué le ayuda a ella a poner límites?
Por un lado para poder hacerlo necesitaba de cierta energía así que buscamos como conectar con esa fuerza y desde ahí practicamos cómo iba a contestar ante ciertos comentarios fuera de lugar sobre su cuerpo.
Una forma de abordarlo con la que la paciente se sentía cómoda era utilizando el sentido del humor. Es decir tomarse los comentarios “a broma” y “riéndose” decirles que no les haga este tipo de comentarios.
Y si la cosa iba a más, ella estaba preparada para decirles en privado cómo ella se siente cuando les hacen esos comentarios. Sería algo así: “me gustaría pasar muchos más días juntos. No sólo la Navidad. Pero estos comentarios me molestan. Así que os pido que por el bien de nuestra relación, no lo hagáis más. Ni a mí sola ni delante de los demás. Gracias”.
Es cierto que una vez que se enfrenta a su familia y pone esos límites, la paciente siente mucha culpa porque piensa que ha hecho algo mal. Entonces en otras sesiones de terapia abordamos esa culpa con el enfoque de la IFS. Viendo la culpa como una parte más y de alguna forma “negociando” con esa parte para que cada vez sea más fácil poner esos límites. A lo mejor eso pasa por ser muy asertiva y muy cuidadosa cuando expresa el límite. Sentir que está siendo respetuosa con su familia (y con todas sus partes, incluida la culpa) le ayudó mucho.
“Tú eres mucho más que tu cuerpo”
Preguntas incómodas…Que nos separan del otro
Una de nuestras pacientes se encontraba en una depresión el año pasado. Canceló su asistencia a la cena del día 31 de diciembre en el último momento, dejando preocupada a su familia.
Este año, aunque está mucho mejor, le preocupa ir a la cena de Nochevieja porque teme que le pregunten por ello. No quiere revivir el pasado ni recibir miradas de pena. Además al ser justo el aniversario de aquel día le asusta cómo lo va a vivir. Siente miedo a cómo va ella a reaccionar y, por tanto, no quiere que nadie se lo recuerde.
¿Cómo abordamos la inquietud de la paciente en esta sesión de psicoterapia?
Lo que hicimos en esta sesión fue revisar su situación actual y el camino recorrido hasta aquí, consiguiendo que pueda ver desde el Self (nuestra parte compasiva y adulta) todo el esfuerzo que ha hecho este año.
Al fin y al cabo ella a día de hoy no está en el mismo punto que hace un año y eso cuenta. Es importante que lo pueda ver y valorar. Es nuestra tarea como psicólogos poder recordárselo, precisamente, en la sesión de psicoterapia.
“Recuerda que tú ya no estás ahí”
Además trabajamos algunas técnicas de grounding con las que podrá usar sus cinco sentidos para volver al presente si le invaden los recuerdos y las sensaciones del pasado. Usando su cuerpo también como aliado mientras ella se recuerda a sí misma que “Ya no estoy ahí. Estoy en otro punto”.
Otro punto importante en esta sesión de terapia fue poner la atención en cómo podía cuidarse ella. Llegamos a la conclusión de que la paciente buscaría a un aliad@ en la cena. Alguien con quien se sintiera segura para que le ayudara a salir de situaciones que podrían potencialmente desbordarla. Podrían tener un gesto o palabra clave para cuando la paciente necesitara salir de ahí.
Si eso ocurre, podrían tomarse un momento para rebajar la activación saliendo a tomar el aire o ir al baño. O incluso ir a por un vaso de agua fría que le ayude a regularse.
Demasiados estímulos…Un cuerpo desbordado
En Navidad las ciudades se llenan de luces, de ruido, de personas…Para muchas personas que somos sensibles y ya tenemos el sistema nervioso desregulado, estar en estos entornos tan saturados de estímulos nos altera muchísimo. Nos sentimos irritables, estamos mucho más cansados, nos agobiamos y nos tensionamos».
Y, aunque quizá te pueda parecer raro, es una de las situaciones más repetidas en consulta en estas fechas. Por eso, decidimos traer esta sesión de terapia a este recopilatorio.
¿Cómo podemos ayudar en este caso?
Nuestra propuesta en las sesiones (y la que nosotros seguimos) es no exponernos si no es estrictamente necesario a la sobreestimulación. Por ejemplo, podemos comprar por internet, podemos reducir los planes intercalando días de descanso, evitar las aglomeraciones…
Y si no nos queda más remedio que exponernos, quizá podamos tener una pequeña planificación previa que incluya ir con alguien con quien nos sintamos seguros/as, estar atentos/as a nuestras sensaciones para irlas regulando o ir adaptando las actividades a cómo se encuentre nuestro sistema nervioso.
También podemos valorar opciones con menos estímulos. Por ejemplo, quizás en un centro comercial menos conocido, entre semana, a la hora de comer haya menos gente que en pleno centro de Madrid un sábado por la tarde…
Aún así, aunque tomemos estas precauciones, en estas fechas es inevitable en ciertos momentos que lleguemos a sentirnos desbordados.
¿Qué hacemos para volver a la calma?
Es importantísimo que busquemos un momento tras haber estado sometidos a esa hiperestimulación.
Si sentimos mucha energía acumulada en el cuerpo, quizás nos venga bien sacarla haciendo deporte. Si, por el contrario, nos sentimos drenados, podemos darnos tiempo para poder recuperarnos tanto a nivel físico como mental. Con movimientos más lentos, actividades más tranquilas. Permitirnos el tiempo para ir más slow hasta que nos regulemos es clave.
Reencuentros temidos
Muchas veces la Navidad supone volver a ver a personas con las que hemos tenido conflictos o incluso personas que nos han hecho daño. Este es el caso de esta paciente cuya relación con su madre era realmente difícil.
¿Cómo abordamos esta sesión de terapia?
La relación era compleja e “insalvable” así que, en este caso en particular, la pauta era evitar entrar en contacto con ella en la medida de lo posible. Es decir, pasar el menor tiempo posible con ella y, además, practicar el ponerle límites. Algo fácil de decir pero no siempre fácil de poner en práctica.
La paciente decidió de forma clara y premeditada qué momentos de la Navidad iba a pasar con su madre y cuáles no. También acordamos que pudiera salir momentáneamente de la situación si lo necesitaba y, sobretodo, que pudiera sostener y convivir con su propia culpa. En estas fechas, muchas veces se activa por lealtades o creencias familiares («tenemos que estar todos juntos», «es Navidad, ¿cómo no vas a estar?», etc…) y nos puede ayudar identificarla, ver de dónde viene y normalizar y validar su propia aparición, sin tratar de eliminarla.
Aquí también podría servirnos el recurso que mencionamos en otros casos…Esa persona de confianza que te acompañe y nos sirva de apoyo a la hora de regularnos o como “excusa” para poder irnos cuando lo necesitemos, si la cosa se pone insostenible.
Al final en la base de todos los casos está el escucharnos a nosotr@s mism@s para ver qué estamos sintiendo y qué necesitamos. Poner nuestras necesidades como prioridad y, cuando decidamos priorizar al otro, tener momentos de recarga antes y después para que estos encuentros navideños no nos pasen demasiada factura.
Esperamos que cada sesión de terapia que hemos compartido os sirva para, al menos, no sentiros tan sol@s en estas Navidades. Quizá saber que hay otras personas viviendo estas fiestas como nosotros, nos ayuda a sentirnos acompañados. Y si, además, te gustaría contar con acompañamiento profesional de nuestro equipo de psicólogos especializados en trauma, tienes más información sobre cómo trabajamos aquí.