El cierre terapéutico es el final del proceso de psicoterapia. Este final llega cuando el paciente ha conseguido los objetivos marcados, cuando ha ganado autonomía…O bien cuando tanto paciente como psicólogo deciden finalizar el proceso de mutuo acuerdo (ej. por derivación a otro profesional, etc).
Ahora bien, no todos los cierres terapéuticos ocurren así. También pueden haber cierres abruptos en los que el paciente abandona el proceso de terapia sin que se pueda hacer una evaluación final ni elaborar una despedida.
Cierres por alta
El cierre es una parte más del proceso de terapia. De hecho, el objetivo final de todo psicólogo es poder llegar a ese cierre terapéutico, porque eso significaría que nuestros pacientes ya pueden volar solos y eso es lo que deseamos para ellos.
¿Cómo preparar un cierre terapéutico?
Nosotros solemos ir espaciando las sesiones para ir preparando al paciente para esa separación. Es decir que de un encuadre semanal, pasamos a un encuadre quincenal y luego a un encuadre mensual.
Además así los pacientes pueden ir comprobando que en las semanas que no tienen sesiones pueden gestionarse solos. Eso les dará mayor seguridad a la hora de cerrar el proceso.
En esas últimas semanas hacemos un seguimiento de cómo ha ido el proceso de terapia. Repasamos:
- Las cosas que se han hecho en terapia
- Los objetivos terapéuticos que se han cumplido
- Si hay algo que haya que matizar
- Si tienen algo que decirnos sobre nuestro trabajo o sobre el vínculo
En esta etapa de cierre terapéutico la terapia deja de ser tan tan profunda y pasa a ser más bien de gestión y repaso del día a día. Observamos y destacamos cómo el paciente está integrando y poniendo en práctica los recursos aprendidos en su proceso y estamos disponibles por si surgiera algo que requiera de profundización. Sin embargo, cuando el proceso está avanzado y ya estamos en la fase de cierre, solemos ir orientando las sesiones hacia ese objetivo final: la autonomía del paciente.
¿Cuánto dura la fase de cierre del proceso terapeútico?
Dependerá de cada caso. Con algunos de nuestros pacientes esta fase de espaciado de sesiones y de seguimiento ha durado 2 meses y con otros pacientes ha llegado a seis.
¿Cómo manejar la última sesión de terapia?
En la última sesión se hace un repaso general de todo el proceso:
- Cuáles eran los objetivos terapéuticos
- Cuáles se han conseguido
- Cómo se han conseguido
- Posibles escenarios futuros
En relación a este último punto, la idea es preparar al paciente ante posibles situaciones complicadas para que expogan cómo las resolverían.
Carta al “yo” que empezó terapia
Como parte de este cierre terapéutico hay un recurso en concreto que recomendamos proponer. Se trata de pedirle al paciente que le escriba una carta al yo que empezó terapia hace X años. De forma que desde su “yo presente” pueda contarle a esa versión antigua suya todo lo que ha aprendido, cómo ve ahora las cosas, cómo se siente ahora con sus habilidades, etc.
La despedida
Obviamente cada psicólogo hará el cierre terapéutico a su manera. Por ejemplo Alexandra, si aparece miedo en la sesión de cierre, les ofrece hablar en un mes para ver cómo se encuentran, y si necesitan algo recitarlos (lo que paradójicamente nunca pasa, porque al final, cuando proponemos el cierre, están preparados para volar).
Yo (Alejandro) me despido en esta última sesión sin dejar abierta esa posibilidad. Simplemente hago el repaso y nos despedimos (aunque siempre les digo que si en algún momento necesitan retomar, aquí estamos).
Eso sí, todos en Psicoterapia con A hacemos el cierre terapéutico cuando corresponde (es decir cuando los motivos de consulta se han conseguido). Nos despedimos, ya sea dejando abierta la posibilidad de retomar o no…Y siempre dejamos claro que pueden escribirnos cuando lo necesiten o tener alguna sesión puntual de repaso.
Y hacemos hincapié en que tener una sesión puntual “de repaso” no implica volver a empezar otro proceso y empezar a profundizar de nuevo. Según lo que necesiten, lo más normal es que sea una sesión de repaso, de dudas de algo concreto..
Si aparece algo que requiere de mayor atención pues volveríamos a iniciar otro proceso diferente en el que volveríamos a plantear un nuevo encuadre.
Cierres por abandono del proceso terapéutico
Cuando el paciente decide interrumpir el proceso de forma unilateral siempre respetamos su decisión.
Y desde ese respeto sí que procuramos darle la oportunidad al paciente de ver qué está pasando, de poder analizar si su necesidad de dejar la terapia tiene que ver con que no se están abordando sus objetivos, o si creen que hay algo que se está desatendiendo o si hay algún bloqueo.
Así damos la oportunidad de limpiar el vínculo, de que el paciente se exprese y ver si es algo que se pueda reparar.
Si fuera reparable, se continúa el proceso. Si no es reparable, se hace un cierre terapéutico diferente, pues el paciente necesita su espacio. Así que lo respetamos y le decimos lo mismo que le diríamos a cualquier paciente en la despedida: que puede volver cuando lo necesite y escribirnos cuando quiera.
Procuramos acompañarle en ese “abandono” de la terapia haciendo espejo de cómo se pueden estar sintiendo. Ej. “Entendemos que a lo mejor no es el momento, que a lo mejor es abrumador…”.
De alguna forma procuramos nombrar lo que puede estar pasando. En un ejemplo real de un paciente en consulta yo observé que a esa paciente en concreto le dolía cuando empezábamos a profundizar. Entonces yo le puedo nombrar que, quizás, remover las cosas le duele y que, a lo mejor, dejar la terapia es una forma de evitar conectar con eso que le duele.
No para convencerle de que siga en terapia sino para que pueda observar ese mecanismo. Para que pueda ver cómo esas partes que están sufriendo no se les está dando su espacio. Por tanto, al dejar el proceso terapéutico estaría dejando de cuidar esas partes que requieren de su atención.
Para que sepa que puede, obviamente, elegir parar el proceso y evitar el dolor. Simplemente señalamos el mecanismo con mucho cuidado (siempre y cuando haya buen vínculo terapéutico).
Entonces, si hay ya vínculo podemos probar a nombrar cuál puede ser el motivo por el que por el que los pacientes abandonan y en cualquier caso eso, dejar claro que estamos disopnibles si deciden retomar el proceso cuando quieran.
¿Qué hacer si paciente me hace ghosting?
Obviamente aquí no se puede hacer ningún tipo de cierre terapéutico. El único cierre posible es el que puedas hacer tú contigo mismo, si lo necesitas.
De hecho, poco se habla de cómo estos cierres pueden suponer un duelo para el terapeuta.
Pues pueden haber emociones encontradas. Por un lado el terapeuta puede sentir pena de que el paciente se vaya y, por otro lado, puede sentir enfado por la no respuesta.
De forma que cuando hay un cierre trabajado es, quizás, más fácil atravesar el duelo. Sin embargo cuando se trata de un cierre abrupto o de “ghosting”, es normal que te quede la sensación de que quizás:
- Has hecho algo mal
- Te has equivocado
- Ha habido algo que no has visto
- No has atendido al paciente correctamente
Puede haber como una sensación como de impostora, que muchas veces nos quita el sueño. Por eso, nosotros animamos siempre a revisarlo en supervisión de casos. Pues te puede servir para ver si realmente ha habido algo en lo que te has equivocado o si no y tiene que ver con el paciente (y así dejar de castigarte). También revisar qué parte te corresponde a ti de ese cierre abrupto y qué parte le corresponde al paciente. Y, por si necesitas recordarlo, en todos los abandonos terapéuticos hay una parte que tiene que ver con el paciente, especialmente su manera de gestionarlo.
Tener un espacio de supervisión donde puedas revisar tus casos y también cómo tú te sientes y qué remueve en ti a nivel personal puede ser muy útil para este tipo de casos. Si te apetece saber más sobre cómo supervisamos nosotros, haz click aquí.