Los que trabajamos en trauma hablamos mucho del trabajo con el cuerpo y, sin embargo, a veces nos cuesta tomar consciencia de nuestro propio cuerpo y admitir que nosotros también tenemos un sistema nervioso, unos límites, un cansancio y una desregulación en determinados momentos. Pues bien, estos estados internos pueden impactar cómo estamos en sesión e incluso pueden afectar a nuestros pacientes. De ahí el autocuidado personal sea tan importante para nuestra profesión.
Si estamos reguladas, vamos a estar más presentes en la sesión, más disponibles para el paciente. Esto no significa que tengamos que estar siempre al 100%, pues somos humanas. Pero si incorporamos algún hábito de autocuidado personal a nuestra rutina laboral, seguramente podremos hacerle frente a las sesiones de una forma diferente.
Muchas veces los psicólogos vamos a muchas formaciones: de estrategias de autoregulación para pacientes, de terapia IFS, de protocolo EMDR…Invertimos mucho en conocimiento, herramientas y técnicas para llevar a consulta y se nos olvida que nuestro autocuidado personal es tan o más importante que la formación en el trabajo como terapeutas.
Igual que tengo como costumbre revisar el historial del paciente antes de la sesión, puedo dejar un poco más de margen entre sesión y sesión para poder chequear mi sistema nervioso, ver qué necesita y dárselo.
Adaptar la intervención según nuestro estado físico y emocional también es autocuidado personal
Y si por lo que sea no hemos podido tener este espacio, podemos desarrollar la capacidad de ajustar nuestra intervención como psicólogas a cómo estamos en ese momento. No tiene mucho sentido que nos metamos a trabajar un estado emocional del paciente en profundidad, estando nosotras desreguladas.
Quizás en este caso podríamos enfocar el trabajo emocional viéndolo con cierta distancia. Si podemos abordar lo emocional desde fuera podremos sostener al paciente desde nuestra calma. Para ello podemos usar, por ejemplo, técnicas proyectivas.
Otra alternativa podría ser utilizar estrategias de regulación corporal que yo también puedo hacer junto con el paciente para regularme en ese momento y luego poder comenzar a trabajar. Pero tengo que poder estar conectado también con cómo estoy yo.
Este enfoque en el autocuidado personal es tanto por nosotras como psicólogas, que tenemos derecho a tener necesidades y a satisfacerlas…Como de cara a ser un modelo de regulación para el paciente (o un modelo de desregulación poniendo en marcha estrategias).
Porque ya sabemos que nuestro cuerpo es como una brújula en terapia. Si no le presto atención a mi propio cuerpo estoy dejando de lado una gran herramienta.
Por el contrario, si desarrollamos esta capacidad de escucha corporal podemos:
- Ver qué me está provocando lo que me cuenta el paciente
- Captar información de lo que puede estar ocurriendo fuera (ej qué le está pasando al paciente en otros vínculos…)
- Ser conscientes de lo que nosotros estamos sintiendo
- Observar mis propios pensamientos con mayor perspectiva
En definitiva, mi cuerpo me da información y para poder acceder a ella necesito estar conectada con él.
¡Atenta! Estar conectada con mi cuerpo y tener recursos no significa estar siempre regulada
Hay un falso mito en el sector de la psicología y es que parece que se da por hecho que por ser psicóloga y tener conocimiento sy recursos debemos estar siempre “bien”. Es decir, siempre reguladas.
La realidad es que no somos máquinas. Somos personas con nuestra propia historia de vida, con nuestras propias emociones, nuestros días malos…
¿Y cómo se ve eso en una sesión?
Durante nuestra trayectoria profesional es perfectamente normal que:
- Nos quedemos bloqueadas en algún momento
- Nos remuevan algunas de las historias que nos cuentan nuestros pacientes
- Los silencios con algunos pacientes nos generen ansiedad
- Algunos pacientes vengan tan desconectados que nos unamos a esa desconexión sin darnos cuenta
- Sintamos que algunos pacientes nos ponen entre la espada y la pared (en general los más racionales)
- Estemos viviendo una situación personal complicada y tengamos que continuar trabajando y sosteniendo a los pacientes a pesar de ello. Además, curiosamente, a pacientes que están atravesando situaciones similares.
Como conclusión queremos hacer énfasis en que los psicólogos no acompañamos únicamente desde lo que sabemos, sino también desde cómo estamos: en nuestro tono de voz, en cómo hablamos, en cómo miramos…De ahí la importancia del autocuidado personal.
Si estamos desconectadas no vamos a transmitir suficiente seguridad a través de nuestro sistema nervioso. Y eso el paciente lo capta en el lenguaje no verbal y en esa cualidad tan difícil de describir pero tan fácil de sentir como es…La presencia.
¿Qué necesito YO como psicóloga en esta sesión?
Esta es una de las preguntas que más le hacemos a nuestro paciente: ¿Qué necesitas? Pues bien, en este caso nos toca hacerla a nosotras mismas.
¿Qué me está pasando a mí?
¿Cómo estoy entrando en las sesiones?
¿Qué me está ocurriendo con determinados pacientes?
¿Qué me están activando?
¿Qué necesito o qué puedo hacer para cuidarme o hacerlo sostenible?
Nos hacemos estas preguntas para poder identificar las señales de una posible desregulación o de falta de presencia como terapeuta. ¿Y cuáles son?
Estas son las señales más habituales de desregulación o desconexión del terapeuta en consulta
- Prisa por intervenir.
Es decir, estar pensando en lo que voy a decir antes de que el paciente termine de hablar. O bien desde esa necesidad de hacer algo ya estar pensando en las intervenciones desde lo que yo quiero conseguir y no tanto desde el conectar con qué necesita realmente el paciente.
- La dificultad para sostener silencios
- El cansancio extremo tras las sesiones con ciertos pacientes
- La desconexión emocional en ciertos momentos
- La mente acelerada acompañada de la sensación de incompetencia o de insuficiencia en un momento determinado
- Enfado o irritación sesión con un determinado paciente
- El querer terminar rápido o que se me hagan muy largas las sesiones…
Cuando observamos alguna de estas señales, quizás es el momento de frenar y revisar nuestro estado y aplicar alguna estrategia de autocuidado personal no solo fuera de sesión, sino dentro también.
Estrategias para regularte como psicóloga durante una sesión difícil
- Observo cómo está mi respiración y bajo el ritmo de la intervención. Por ejemplo cuando a veces el paciente se acelera y yo me acelero también. Lo hago bajando el tono de mi voz, hablando más despacio…
- Observo cómo está mi cuerpo. Tomo conciencia del presente al apoyar bien los pies en el suelo y moverme un poco, si lo necesito. Puedo moverme en la silla, notar la silla bajo mi cuerpo…Puedo relajar la mandíbula o incluso un poquito la espalda mientras voy hablando…
- Micro pausas durante la sesión. ¿Cómo? Permitiéndome un silencio de un par de segundos antes de volver a hablar o bebiendo agua conscientemente (agua fría o una infusión caliente). Todo esto nos permite anclarnos al presente.
- Un objeto que te ayude a regularte. Por ejemplo, puedes tener algo entre las manos durante la sesión. Tener algo suave en la silla para sentir esa sensación…O incluso un saquito de semillas sobre las piernas. Sentir el peso ayuda a estar regulada.
- Hacer un par de ejercicios de grounding o algo de movimiento con el paciente, que le sirva a él y también a nosotras para aterrizar en el momento presente.
Por supuesto después de esa sesión que nos ha resultado especialmente difícil revisamos qué nos está pasando en general y también en relación con ese caso o con ese paciente para ver si se ha activado algo mío y debo revisarlo en supervisión.
A veces el autocuidado personal también es gestionar mi agenda de forma diferente. Muchas veces llegamos desreguladas a sesión porque nos hemos agendado demasiadas seguidas o con poco margen entre una y otra para recuperarnos.
Y, por último, no olvidemos que todo esto que estamos sintiendo se puede poner en juego en la sesión. Es decir, cuando me doy cuenta de lo que estoy sintiendo lo pongo sobre la mesa. Comparto con el paciente lo que me está resonando de lo que me está contando.
Por ejemplo: al escucharte mi cuerpo se ha tensionado…¿Cómo sientes tú tu cuerpo? ¿También sientes esa tensión? ¿Cómo responde tu cuerpo ante lo que me acabas de contar?
De esta forma esas sensaciones se vuelven “útiles” al ponerlas al servicio de la sesión y además le devolvemos al paciente esa tarea de conexión.
Objetivo: llegar en buen estado a las vacaciones de verano
Hemos querido hacer este artículo, querida compañera psicóloga, para que puedas llegar a tus vacaciones de verano con esta reflexión y, quizás, con un poco más de batería, presencia y conexión. Cuéntanos en comentarios en Instagram si has puesto en práctica algunas de las estrategias de autocuidado personal que te hemos compartido.
Y, si sientes que te gustaría tener un espacio donde compartir entre compañeras y donde revisar tus casos y encontrar soluciones técnicas…Puedes apuntarte a nuestro grupo de supervisión. Un espacio en el que no sólo abordamos los casos sino que también ponemos mucho foco en tu autocuidado. Veremos qué nos está pasando a nivel personal con ciertos casos o pacientes y qué límites necesito establecer para quitarme presión e incomodidad.
Por último, recuerda que tanto los terapeutas como los pacientes necesitamos desconectar de la terapia por momentos. Que no te angustie irte de vacaciones. Todo va a estar bien. ¡Felices vacaciones, compañera!