Las heridas de infancia no son “una cosa puntual que te pasó cuando eras pequeñx”…Se trata de una serie de episodios dolorosos que pasaron de forma repetida en la infancia. Estos episodios suelen estar relacionados con la falta de cuidados, la invalidación de tus emociones o de tu forma de ser, la sensación de soledad o de injusticia…
Estos episodios van dejando huella en nuestra autoestima, en cómo nos tratamos a nosotros mismos y a los demás y en cómo funcionamos ahora en la vida adulta.
Clasificación tradicional de las heridas de infancia
Estas son las 5 heridas de infancia tradicionales. Aunque más adelante os contamos cómo abordamos nosotrxs las heridas, pues nuestra forma de clasificarlas es diferente.
- Herida de abandono
- Herida de traición
- Herida de injusticia
- Herida de rechazo
- Herida de humillación
Por si te lo estabas preguntando, la mayoría tenemos varias heridas de infancia. Podemos sentir varias al mismo tiempo sólo que cada una puede tener una intensidad diferente según nuestra historia de vida y según la circunstancia actual que nos esté haciendo de gatillo para volver a sentir esa herida.
En cualquier caso el trabajo terapéutico no pasa tanto por encajar las heridas en categorías, sino de la experiencia individual de cada paciente. Por supuesto que las categorías nos ayudan a los psicólogos a ordenar la información y las intervenciones, pero en el momento de abordar el trabajo en consulta, la intervención, lo que prevalece es la experiencia vital de cada paciente y lo que está sintiendo en el momento presente.
Así abordamos nosotrxs las heridas de infancia en consulta
Espacio seguro
En consulta no vamos directos a la herida, a lo que duele. Primero nos enfocamos en crear un espacio seguro para el paciente. ¿Cómo? Pues construyendo un vínculo con él/ella, indagando en su historia de vida para que pueda ver por sí mismx por qué ha llegado hasta su vida adulta haciendo las cosas que hace…Puede algunos comportamientos no sean “los mejores” para esa persona pero es la forma en la que ha aprendido a manejarse en la vida y lo que le ha servido hasta ahora.
Trabajo con las partes
Las heridas de infancia son dolor. Ni más ni menos. Dolor que sigue ahí porque las heridas aún están abiertas. Todxs hemos sentido dolor de pequeños y para poder sostenerlo y seguir adelante hemos desarrollado ciertos mecanismos de defensa, ciertos comportamientos o máscaras para hacer más llevadero ese dolor o incluso para ocultarlo.
Por eso, una vez que el paciente se sienta segurx, pasamos a identificar esas partes, esas máscaras. Poco a poco podrá hablar de aquellos episodios dolorosos que le han marcado y le han hecho llegar a su vida adulta con ese comportamiento, con esas máscaras.
Siempre con mucho tacto y respeto por el paciente pues queremos evitar retraumatizarlo. Si observamos que la intensidad emocional es demasiado fuerte, podemos ayudar al paciente a regularse pues se corre el riesgo de que ante tanta intensidad, se disocie. Y desde la disociación no se puede avanzar en el trabajo de heridas de infancia.
Es una especie de baile entre conectar con esa emoción dolorosa…Y volver al presente. Sabiendo que en cualquier momento puede salir de esa sensación y volver a la calma, a la seguridad. Como quien va a entrar en el agua y entra poco a poco porque el agua está fría.
Poco a poco vamos descubriendo cuáles son esas máscaras que surgieron, nos vamos acercando a la herida y vamos trabajando el dolor que quedó pendiente.
Reparando el dolor
Conforme nos vamos acercando al dolor. ¿Cómo lo abordamos? ¿Cómo le acompañamos cuando estamos en consulta con el paciente?
Primero utilizamos al psicoeducación. Es decir, le explicamos al paciente los conceptos de “mecanismos de defensa”, “máscaras”, “niño interior”…Trabajamos con las máscaras, dándoles voz, descubriendo su función y cómo protegieron a ese niño…
Y entonces permitimos que el paciente muestre a su niño interior. Que hable desde ahí. Que nos cuénte qué pasó. Que nos cuente cómo ese niñ@ aprendió lo que era el cuidado, lo que era “aceptable” o no…
Una vez que el niñ@ ha podido expresarse procuramos que se ubique en el presente, en su parte adulta para que aprenda a tratarse ahora de adulto como le hubiera gustado que le hubieran tratado de pequeño.
A continuación empezamos a cuestionarnos todo eso que aprendieron nuestros niñ@s. Esos comportamientos o creencias que están interfiriendo con nuestro bienestar ahora de adultos y que necesitamos reconstruir.
También trabajamos recursos de regulación para que cuando surjan circunstancias en el presente que nos recuerden a aquellas cosas que vivimos de pequeños y que tanto nos dolieron…Podamos abordar las emociones que afloren de forma segura y eficiente.
Ejemplos de cómo tus heridas de infancia te afectan ahora de adulto
Muchos de los psicólogos que supervisan con nosotros nos pregunta si se trabaja igual con todas las heridas.
La respuesta es NO. Todas las heridas no se abordan igual.
Según las faltas que identifiquemos en esos cuidados que recibieron o no de niños, eso será lo que necesitaremos reconstruir ahora de adultos.
Por eso nosotros clasificamos la heridas de infancia en tres grupos y, según el tipo de herida, nos vincularemos con ellos de cierta forma.
- Heridas que tienen que ver con la seguridad:
¿He tenido a alguien que me ha podido sostener? ¿Alguien ha estado conmigo…He tenido una figura de seguridad que se haya hecho cargo de mí?
- Heridas que tienen que ver con la autonomía:
¿He podido explorar libremente en la infancia? ¿Me han permitido ser como soy cuando era niño? ¿Me han permitido hacer las cosas a mi manera?
- Heridas que tienen que ver con el consuelo, con la protección:
¿Me he sentido validadx, comprendidx, como niñ@? ¿Me he sentido cuidado como yo necesitaba que me cuidaran?
Ejemplo de herida de “necesidad de consuelo”
Imagínate un paciente que tiende a estar siempre cuidando a los demás. O alguien muy exigente o perfeccionista….
Es posible que esa persona tenga una herida de consuelo. Seguramente de pequeña no se sintió vista, validada ni comprendida como niñ@.
Suelen venir de familias donde se ha valorado más el hacer que el sentir o el ser. Suelen ser padres muy controladores y castigadores que no se paran a ver qué necesidad o emoción hay detrás de una mala conducta de ese niño.
Ese niñ@ aprendió que “Para que me hagan caso debo cumplir. Debo ser perfect@…”. Entonces empieza a ajustarse a las expectativas que tienen los demás sobre él/ella.
¿Cuál es la consecuencia ahora como adultos?
Son pacientes que tienen muchas dificultades a la hora de identificar qué sienten y por qué lo sienten. Sus necesidades personales quedaron en un segundo plano. Es como si ignorara o rechazara su necesidad de protección, de autocuidado.
Esto también afecta a las relaciones con los demás. Porque además de sentir culpa cuando no consiguen sus objetivos, corren el riesgo de culpabilizar a los demás. De estar decepcionadxs con los demás porque sienten que “no me entienden”, “no me ven”. Sienten desconfianza.
Ejemplo de herida de autonomía
Aquí tenemos a un paciente muy indeciso, que depende mucho de las opiniones de los demás.
Normalmente los padres de estos pacientes han priorizado la necesidad de cuidado…Llegando a la sobreprotección. A esos niñ@s no se les ha permitido hacer las cosas por sí mismos, tomar decisiones…
También suelen ser familias que tienen dificultades a la hora de gestionar sus propias emociones. Se desbordan con sus propias emociones.
Entonces los niñ@s aprenden a renunciar a sí mismos por el otro. Por ejemplo: “Si mi papá está enfadado, yo silencio mi emoción o intento cuidarle. No me paro a pensar en si yo estoy triste o no. “
Además aprenden que para que los demás estén a su lado tienen que mostrarse “débiles”, “buenos”…
¿Cuál es la consecuencia ahora como adultos?
La consecuencia es “me enfado conmigo mismo por no saber hacer las cosas solo” y también “me enfado con el resto”. Porque siento que el otro debería darse cuenta de cómo me siento…Y cuidarme. De alguna forma reclaman ahora de adultos lo que no recibieron como niñ@s.
Las heridas de infancia son un tema apasionante para los psicólogos…¡E incluso para los pacientes! Una vez identifican lo que pasó y cómo eso les marcó y les hace comportarse de una determinada manera ahora de adultos…La puerta se abre y el cambio es posible.
¿Cómo abordas tú las heridas de infancia y el niño interior en consulta? Te leemos en comentarios.