Hoy me he parado a mirar atrás en el tiempo para abrazar a esa “Yo psicóloga” que recién empezaba a pasar consulta. Esa psicóloga con tanta vocación, tantas ganas y también…Tanta inseguridad…Ante todo quería hacer las cosas bien, realmente marcar la diferencia para cada paciente y, quizás, demostrarme que valgo para esto.
Confesiones de una psicóloga que recién empieza
Confieso que al empezar no sabía si era capaz de hacerlo
Esa Alex de 2016 no tenía claro que pudiera sostener este trabajo como psicóloga. Las sesiones me desgastaban tanto que dudaba de mí…No sabía si era capaz.
Me atacaba diariamente el síndrome de la impostora. Fantaseaba pensando que mis pacientes se iban a dar cuenta de que yo no estaba haciendo bien mi trabajo…Incluso me planteaba derivarles a alguien más formado…Cuando realmente eran casos que yo podía asumir perfectamente pero la inseguridad me tambaleaba.
Confieso que al principio me comparaba mucho con otros psicólogos…Y me sentía pequeña
Seguía formándome y cuando escuchaba las preguntas que hacían el resto de psicólogos pensaba… ¡Yo no sabría hacer esas preguntas…! Pensaba que ellos veían los casos de manera mucho más profunda que yo.
Y esa inseguridad que sentía la trasladaba también a consulta donde muchas veces me hacía pequeña en sesión. Me colocaba en esa posición. Al mismo tiempo quería dar un buen servicio así que luchaba contra mi inseguridad y esa batalla interna hacía que saliera agotada de las sesiones.
Confieso que acababa las sesiones agotada
Recuerdo que al principio tenía una sesión al día, máximo dos…Y yo pensaba para mis adentros…¿Cómo pueden hacer cuatro sesiones seguidas el resto de compañeros? Para mi cuerpo en ese momento era imposible.
Pues claro ya no era simplemente acompañar al paciente y estar presente sino que preparaba la sesión y al salir no paraba de pensar si lo había hecho bien o no.
Revisaba los casos una y otra vez, una y otra vez…Y eso hacía que me desregulara aún más. Además de hacerme “perder el tiempo”. Se me hacía imposible “llegar a todo”.
Confieso que me formaba y leía libros de psicología sin fin para paliar mi inseguridad
Uno de mis mayores miedos era quedarme bloqueada en sesión. Que me preguntaran algo y no saber responder…Por eso hacía curso tras curso, formación tras formación. Como si acumular libros y conocimientos fuera la única forma de calmar esa sensación…Como si tuviera algo que demostrar…
¿Cómo pude atravesar este malestar?
Quizás lo que más me ayudó fue poder hablar de todo esto con compañeras psicólogas de confianza.
Al trabajar en distintos centros de psicología conocía a muchos otros psicólogos que también estaban empezando y me dí cuenta de que no era la única a la que le pasaba eso. Saber que sentir inseguridad era algo “normal” me ayudó mucho a poder sostenerlo.
Supervisar con varias personas diferentes fue clave para mí
Me sirvió mucho también tener varios enfoques a la hora de supervisar mis casos. En el centro en el que trabajaba estaba obligada a supervisar y lo cierto es que el enfoque del centro con respecto a la supervisión no me gustaba mucho.
Primero porque lo sentía a veces más como una forma de control que como un apoyo. Y, por otro lado, el supervisor tenía el enfoque del psicoanálisis. Y ese no era mi enfoque.
Por supuesto decía cosas interesantes y sirvió en muchos momentos para resolver casos. Pero había veces que yo necesitaba quizá algo más de concreción. Como yo no tenía tanta experiencia necesitaba que me ayudaran más con el cómo: qué hacer con el paciente, ideas más concretas para las intervenciones…
Por eso acabé supervisando con otros profesionales también. Y ahí me di cuenta de que al final, aunque veamos a los demás psicólogos como mejores profesionales…Todos tenemos nuestras inseguridades. Eso me calmó. Poder normalizar la inseguridad como algo que forma parte del trabajo me sirvió mucho para poder llevarlo mejor.
Pues por mucha experiencia que tengas, vas a seguir teniendo dudas. De hecho en mis grupos de supervisión había profesionales con muchos más años de experiencia que yo y tenían las mismas dudas. Ahí empecé a entender que la seguridad no era quizá no dudar, sino también poder sostenerla e incluso ponerla al servicio de la sesión.
Consejos para mi “Yo del pasado” que recién comenzaba a pasar consulta
- Acepta que no lo vas a saber todo siempre. Y eso está bien.
Puedes seguir adelante con tu sesión aunque no puedas resolver eso concreto en ese mismo instante. Sigues siendo útil a pesar de ello.
- A veces vas a salir removida de la sesión y eso no te hace mala terapeuta
Simplemente estás resonando con el paciente y eso forma parte de la intervención y, de hecho, puedes usarlo a tu favor. Puedes usar tu cuerpo, tus emociones como una caja de resonancia y ponerlo en juego en la sesión.
- No es necesario revisar los casos mil veces
Eso no va a hacer que seas mejor profesional o que el paciente avance más rápido. De hecho es muy probable que tenga el efecto contrario…Seguramente te agobiar más. Desarrolla tu propio sistema para ir preparada a sesión pero no es necesario revisar cada coma de cada apunte de sesión antes de encontrarte con tu paciente. Yo siempre tengo a mano mi esquemita de información de cada paciente y eso es más que suficiente para poder intervenir.
- No necesitas demostrar nada a nadie. A veces los pacientes, simplemente se van.
Y muchas veces eso no habla de ti, de tu valía como profesional. Habla más bien de la libertad que tiene cada paciente de elegir. De cuánto se quiere involucrar, de cómo está el vínculo. Pues todos tenemos nuestros recursos y las psicólogas no somos “salvadoras” de nadie.
- Equivocarte en sesión no te hace peor psicóloga
De hecho te hacen mejor psicóloga. Si eres capaz de cuestionarte, de revisar tus casos en supervisión, de reparar con el paciente cuando te equivocas…Todo eso habla más de ti que el hacer una “intervención perfecta”. Porque, realmente ¿quién puede definir una intervención perfecta?
A veces sales de sesión pensando que no has estado muy fina y resulta que el paciente te escribe esa tarde para agradecerte la sesión porque le ha servido muchísimo. Y ahí estabas tú ya…Machacándote porque tu intervención no estaba a la altura de tus expectativas…¡Recuerda que trabajamos para el paciente!
- No tienes por qué hacerlo sola. Puedes pedir ayuda
Sé que te da vergüenza admitir que no sabes algo o que no puedes hacer algo pero, créeme, la supervisión en un entorno seguro, libre de juicios, te va a servir muchísimo. Recuerda que esa inseguridad que sientes nos pasa a todas…Incluso a las más experimentadas.
- Confía en tu intuición y en tu creatividad
Al principio nos parece inviable adaptar un protocolo. Nos ceñimos a ellos como si se nos fuera la vida en ello “no vaya a ser que hagamos algo mal y dañemos al paciente”…
Con los años descubrirás que esas ideas que te vienen en sesión son realmente valiosas y cuándo empieces a ponerlas en juego empezarás a confiar más en tu instinto. Sobre todo cuando el vínculo ya está consolidado y tú eres capaz de estar presente aquí y ahora…Confía en ti y toma algún riesgo. Tu forma de hacer psicología es única y muy válida.
Finalmente me gustaría decir a todas las psicólogas que estén leyendo este artículo que la la seguridad no va a llegar de golpe. Que aún ahora no me siento segura siempre.
La inseguridad forma parte de este trabajo y eso no nos convierte en impostoras. Al fin y al cabo todos los seres humanos sentimos miedo y eso habla de lo que nos preocupamos por los pacientes y de lo que nos preocupa hacerlo bien.
Ese miedo nos lleva a seguir mejorando y a seguir avanzando (siempre y cuando no nos desborde.)
Así que sigue adelante sesión a sesión, supervisión a supervisión, formación a formación. Busca espacios donde te sientas segura y acompañada a nivel técnico pero también a nivel personal, emocional.
Al final convertir esa inseguridad en seguridad pasa por aprender a verla, a sostenerla y también por aceptar que no vamos a saberlo todo. Y, de hecho, esa humanidad es algo muy valioso para los pacientes.
Podemos aprovecharlo para revisar el vínculo con nuestros pacientes. Para preguntarles cómo están…Si necesitan algo diferente…Cómo se sienten. Cómo están los objetivos. Cómo sienten que avanzan…Por nosotras y también por el proceso.
Recuerda que nuestra inseguridad habla de cómo nos sentimos nosotras pero que te sientas insegura no significa que el proceso de terapia vaya mal o que no haya avances con el paciente.
Si quieres iniciar un proceso de terapia individual con nosotras o entrar en nuestro grupo de supervisión, puedes reservar tu sesión de valoración gratuita aquí. ¡Gracias por leernos!