Una historia de amor turbulenta entre una psicóloga, su profesión…Y el burnout laboral…Porque como buena historia de amor…No todo es siempre “bonito”. Pero, aún así, es posible que esta historia tenga un final feliz. ¿Quieres descubrirlo? Pues, sigue leyendo.
Érase una vez una psicóloga llamada Lucía
Lucía acababa de terminar su máster habilitante y se moría de ganas de ayudar y de hacerlo bien. Ilusión y miedo a partes iguales recorrían su cuerpo cuando se ponía a pensar en esas primeras sesiones con pacientes. En este punto de su carrera, Lucía no sabía qué era el burnout laboral ni le importaba. Sus miedos eran otros:
¿Lo haré bien? ¿Seré capaz? ¿Y si la cago y daño al paciente?
Comienzan las sesiones de terapia con pacientes
Lucía empieza a pasar consulta en un centro en el que la han fichado como colaboradora. Se lanza a cada sesión con pasión entregando cada gota de energía disponible.
Al principio tiene pocos pacientes y bastantes dudas de si realmente está siendo útil o no…Así que Lucía se pasa las horas entre sesión y sesión repasando la historia clínica de cada paciente y sus apuntes para asegurarse de que está preparada…¡No quiere que se le escape nada!
Poco a poco van llegando más pacientes y Lucía está feliz de poder ayudar y seguir creciendo profesionalmente. Se siente algo más segura al tener más de experiencia. Pero entonces…
Los casos se complican y la presión aumenta…
Lucía no sabe lo que es el burnout laboral así que sigue metiendo pacientes en su agenda. Pues ella quiere vivir de la terapia, su gran pasión, y para ello necesita tener al menos 6 sesiones al día.
De modo que cuando le empiezan a pasar casos más complicados, ella los acepta. Al fin y al cabo han confiado en ella. La han recomendado como profesional y a ella no le gusta decepcionar, así que…¡Cómo va a decir que no a ese caso de trauma complejo!
Formación contínua como forma de vida
Lucía se sumerge en libros especializados y empieza a buscar formaciones como loca para coger herramientas y poder abordar las sesiones con confianza.
Mientras tanto sigue aceptando nuevos casos y defendiéndose bien en consulta. Sin embargo, ella siente que aún le falta mucho que aprender. Los libros de psicología que devora como pipas ya no son suficientes y los cursos online que ha comprado tampoco. así que empieza a buscar…¡La formación perfecta! Un nuevo máster es, sin duda, la solución.
Ahora ha de sumarle a sus horas de consulta, más las horas que dedica a preparar las sesiones…El tiempo que va a invertir en ese máster tan completo (y caro) en el que se ha apuntado.
Pasan las semanas y se da cuenta de que no está pudiendo hacer los módulos del máster y además siente que no tiene suficiente tiempo para pensar bien los casos entre sesión y sesión. Siente agobio casi cada día…
Empieza a costarle desconectar del trabajo porque cuando llega a casa no puede parar de pensar en su agenda y en los casos complejos que la esperan al día siguiente.
El burnout laboral está acechando…Pero Lucía no ha visto las señales.
¿Psicóloga o influencer?
A pesar de todas esas sensaciones internas, a Lucía le está yendo bien a nivel laboral. Tiene la agenda tan llena siempre que decide montar su propia consulta. Se lanza como emprendedora pensando…”¡Así ganaré más dinero! Se acabaron las colaboraciones en las que sólo cobro una parte del servicio. ¡Se acabaron los intermediarios!”
Al principio tira de ilusión y pasión para combinar su faceta de psicóloga con su nuevo rol de emprendedora online. Saca tiempo de donde no hay para: aprender de marketing, crear contenidos diarios, hacer la contabilidad…
Todo esto además de pasar consulta, revisar los casos y seguir formándose…
Lucía no se da cuenta de que “tirar de pasión” significa también andar todo el día con el sistema nervioso desregulado. Yendo a mil por hora sin tiempo para descansar ni para conectar con ella ni con sus seres queridos…Ni siquiera con suficiente tiempo para integrar todo lo que está aprendiendo.
El burnout laboral…El malo de la película…¿O su salvador?
Lucía empieza a tener problemas con su pareja porque últimamente todo le molesta y en seguida inicia una pelea. Incluso sus amigas le han dado un toque de atención porque la notan saturada y ausente.
Entonces decide apuntarse a supervisión de casos con nosotras porque una compañera psicóloga le ha dicho que en este espacio de supervisión no sólo se consultan los casos sino que también es un espacio de desahogo y contención donde las psicólogas pueden dejarse sostener y aprender a cuidarse.
Entonces empieza a ser un poco más rigurosa con su descanso y se permite tener UN día libre a la semana. Aún así sigue cansada…Así que intenta descansar los fines de semana completos…Pero no lo consigue. Al final siempre acaba haciendo trabajo “del negocio” en sus días libres: crear contenidos, poner al día la facturación, la contabilidad…
Finalmente decide irse unos días de vacaciones…Pero al volver tan sólo puede pensar en cuándo serán las próximas. Y el agotamiento sigue…
Una mañana Lucía se despierta y está desmotivada. Ya no tiene tantas ganas de pasar consulta. Hacer los vídeos para Instagram le da pereza…Se plantea si realmente está ayudando o no a sus pacientes. Empieza a pensar si este trabajo es para ella…
Ese desgaste diario acumulado desde hace meses (e incluso años) ha terminado por pasarle factura…Inevitablemente ha llegado el burnout laboral. Pero no viene a cargarse lo que ha estado construyendo con tanto esfuerzo y dedicación. Viene a avisarle de que es el momento de tomarse las cosas de otra manera.
Lucía no tuvo burnout porque “tuvo un pico de trabajo puntual” y se quemó. Su burnout laboral fue el acumulado de todos esos “SÍes” que debieron ser un “NO”. Fue el resultado de todas esas horas extra que empezó a hacer sin darse cuenta. De esa falta de horarios y de días de descanso…De ese seguir tirando “Porque sé que puedo dar aún un poquito más de mí”.
Pero en ese amor por su profesión, en ese ímpetu por mejorar y hacer las cosas bien…Lucía perdió de vista lo más importante…Que “vivir de la terapia” lleva la palabra “vivir” dentro. Y lo que estaba experimentando Lucía se parecía más a la esclavitud que a una vida plena. Era necesario recalcular y reequilibrar las distintas áreas de la vida.
“¿Cómo es posible que no esté aplicando los consejos de autocuidado que doy a mis pacientes en consulta?” Se preguntaba Lucía, con una fuerte dosis de crítica interna.
Afortunadamente Lucía tiene un buen círculo de seres queridos que le pudieron hacer ver con mucho amor que necesitaba reevaluar sus prioridades y el uso de su tiempo. Ahí, Lucía se dio cuenta de que más allá de su identidad como psicóloga, ella era ante todo humana. Y, por fin, pudo relajar su nivel de exigencia, la presión y empezar a tratarse con más compasión.
No lo hizo sola. Tenía amigas psicólogas con las que hablaba de estos temas tan “tabú” ente profesionales. Estas amigas eran todo un tesoro. Además se apoyaba en la supervisión, en la terapia individual que recibía…Y se permitía desahogarse frecuentemente con su pareja.
Y así fue calibrando y descubriendo…Una nueva forma de trabajar. Con propósito. Con pasión…Pero sobre todo con más calma y disfrute.
Señales del burnout laboral en psicólogos
Este relato es ficcional aunque se basa en hechos reales. ¿O acaso no te has sentido reflejada en Lucía en algún momento de este relato? #SíSoy
Nosotros en Psicoterapia con A también “Somos Lucía” y no nos avergüenza decirlo. De hecho fue la razón por la que creamos un espacio de supervisión en el que no sólo abordamos casos de terapia sino que nos permitimos hablar de lo que nos agobia, de cómo estamos de verdad. Un espacio de contención donde conectar con esas “amigas psicólogas” que valen su peso en oro.
Finalmente, no queremos acabar el artículo sin compartir contigo algunas de las señales de burnout laboral que más vemos en las sesiones de supervisión:
- Te cuestionas todo…Absolutamente todo lo que dices y haces en sesión. Dudas de si estás planteando bien los casos o no.
- Sientes que nunca es suficiente. Necesitas aprender más. Supervisar más. Revisar más la historia clínica de los pacientes.
- Cuando estás en sesión y te das cuenta de que “te desconectaste del paciente” pensando en otra cosa…Y te cuesta mucho volver a conectar.
- Sientes mucho cansancio emocional. Del tipo de cansancio que aunque duermas o descanses no terminas de recuperarte. No sabes cómo hacer para sentirte recargada de nuevo.
- Acabas de volver de vacaciones y ya estás soñando con las próximas vacaciones.
- Te imaginas cómo van a ser las sesiones de la semana y empiezas a agobiarte. Tu cuerpo se pone en alerta sólo con mirar la agenda. Y cuando pasa la semana te das cuenta de que no era para tanto pero llega el domingo y te vuelves a sentirte así.
- Empiezas a notar que algo no anda bien pero en vez de pedir ayuda, te aislas porque te da vergüenza admitir que “no puedes con todo”. Esa parte autoexigente está al mando.
- Te fuerzas a “llegar a todo” pero te das cuenta de que realmente no estás llegando a nada. Ni puedes estar del todo presente en sesiones. Ni estás pudiendo retener ni integrar tu formación ni lo que te dicen en supervisión…
Después de tantos años formando y ofreciendo terapia y supervisión para psicólogos podemos ver rasgos comunes en la mayoría de nosotras. La mayoría somos hiperrresponsables. Tenemos una parte crítica y autoexigente muy fuerte. Bienintencionada, pero fuerte…A veces dominante. Y es la que nos lleva a exigirnos más y más. A querer hacer “más y mejor” y, a veces, incluso a restarle valor a todo lo que ya hacemos en consulta para nuestros pacientes.
Porque parece que si el paciente no llega a una conclusión súper profunda en cada sesión, es como si la terapia no sirviera. Como si no fuéramos útiles aunque estemos dando lo mejor de nosotras en cada sesión. Olvidando que el proceso de terapia es algo de 2. Cómo se dé no depende únicamente de la pericia del terapeuta. Y, de hecho, muchas veces una sesión de regulación es mucho más útil para el paciente que una sesión de profundización.
Por último queremos recordarte que el trabajo de psicólogo es desgastante de por sí. Siempre va a haber cierto desgaste pues estamos manteniéndonos presentes y disponibles durante muchas horas seguidas. Por tanto, en nuestra opinión, el objetivo no es tanto intentar eliminarlo completamente pues sería una batalla perdida sino más bien ver qué hacemos con ese desgaste. Cómo lo gestionamos.
De hecho, muchas veces ver nuestro autocuidado como “parte del trabajo de psicólogo” puede ayudar. Dedicarnos tiempo a nosotros fuera de la sesión va a repercutir positivamente en ti, en tu entorno cercano…E incluso en la calidad de las sesiones con tus pacientes. Así que esperamos que te des permiso para incluir esos momentos en tu agenda con la misma importancia que añades tus sesiones de terapia y formación.
Gracias por llegar hasta aquí. Si quieres iniciar un proceso de terapia individual con nosotras o entrar en nuestro grupo de supervisión, puedes reservar tu sesión de valoración gratuita aquí. ¡Gracias por leernos!